Gnosticismo
El Gnosticismo (del griego gnōsis, «conocimiento» revelado, no discursivo) es el conjunto de corrientes religiosas cristianas, judías y helenísticas tempranas que florecieron entre los siglos I y IV d.C. y que proponían la salvación por el conocimiento directo de lo divino en lugar de por la fe o las obras. Sus rasgos comunes son el dualismo radical (espíritu bueno / materia caída), la figura del Demiurgo (creador inferior del mundo material), la figura de Sofía (Sabiduría divina exiliada) y la promesa de retorno del alma a su origen pleromático.
Origen
El gnosticismo emergió en el Mediterráneo oriental durante los siglos I y II d.C., en el contexto helenístico-judío de Alejandría, Antioquía y Siria. Sus fuentes son múltiples: platonismo medio (mundo sensible como reflejo degradado de Ideas), judaísmo apocalíptico (visión de aeones y arcontes), tradiciones mistéricas paganas (Eleusis, Isis, Mitra), zoroastrismo (dualismo Ahura Mazda / Ahriman) y cristianismo primitivo. Las primeras escuelas gnósticas documentadas son las de Simón el Mago (siglo I, Samaria), Basílides (Alejandría, 117-138), Valentín (Roma, 100-160) y Marción (Roma, 85-160).
Durante mil quinientos años, el gnosticismo se conoció solo a través de los refutadores ortodoxos (Ireneo de Lyon, Adversus Haereses, ca. 180; Hipólito de Roma; Tertuliano; Epifanio). En diciembre de 1945, dos campesinos egipcios encontraron cerca de Nag Hammadi una jarra con 13 códices coptos, escondidos en el siglo IV: la Biblioteca de Nag Hammadi, 52 textos gnósticos directos incluyendo el Evangelio de Tomás, el Evangelio de Felipe, el Apócrifo de Juan, la Pístis Sofía, el Evangelio de la Verdad. El hallazgo revolucionó los estudios del cristianismo primitivo. Tras la condena de Constantino (siglo IV), el gnosticismo se mantuvo subterráneo en herejías medievales (paulicianos, bogomilos, cátaros) y resurgió en el siglo XX en círculos esotéricos.
Mito y doctrina
El mito central del gnosticismo valentiniano describe la cosmogénesis así: del Padre (Bythos, abismo divino) emanan parejas de aeones (entidades divinas) que pueblan el Pleroma (Plenitud). El último aeón femenino, Sofía (Sabiduría), desea conocer al Padre directamente y comete una transgresión que produce un aborto cósmico: el Demiurgo (Yaltabaoth, Saklas), un dios inferior, ciego e ignorante, que cree ser el único Dios. El Demiurgo crea el mundo material con sus arcontes (planetas) como prisión del espíritu. Almas divinas (chispas pleromáticas) caen al mundo material y olvidan su origen.
La salvación llega cuando Cristo (o el Logos, o el Salvador) desciende desde el Pleroma para despertar a las almas dormidas mediante la gnosis: conocimiento directo, no discursivo, del propio origen divino. Reconocer la propia naturaleza pleromática es ya salvación; el alma despierta atraviesa los planos arcónticos tras la muerte y retorna al Padre. Los gnósticos se dividen tipológicamente en tres categorías: hylikoi (materiales, perdidos), psychikoi (animales, salvables por fe) y pneumatikoi (espirituales, salvables por gnosis). El cristianismo ortodoxo rechazó este esquema por elitista y por su rechazo del Antiguo Testamento (Marción excluyó toda la Biblia hebrea como obra del Demiurgo).
En la práctica
El gnosticismo histórico se ha extinguido como religión organizada (los últimos cátaros desaparecieron en el siglo XIV; los mandeos de Iraq, herederos del bautismo joánico, son hoy unas decenas de miles), pero su influencia espiritual contemporánea es enorme. Iglesias neognósticas resurgieron en Francia desde 1890 (Jules Doinel, Iglesia Gnóstica Universal), continuadas hoy por la Ecclesia Gnostica de Stephan Hoeller en Los Ángeles. Estudiosos como Hans Jonas, Elaine Pagels y Gilles Quispel han popularizado los textos de Nag Hammadi. Si te interesa la corriente, comienza por leer el Evangelio de Tomás, breve compendio de logia de Jesús de corte gnóstico, y Los evangelios gnósticos de Elaine Pagels (1979).
La práctica espiritual neognóstica enfatiza la meditación contemplativa, la lectura simbólica de los textos sagrados (busca el sentido oculto bajo el literal) y el reconocimiento del «extrañamiento» del alma respecto al mundo material como punto de partida espiritual. Los gnósticos modernos consultan tradicionalmente el Tarot (los Arcanos Mayores leídos como mapa del descenso y retorno del alma), el I Ching (cuyos 64 hexagramas son comparables a los 64 aeones de Basílides) y dialogan con la Alquimia. Para guía espiritual personal, también combinan con el Oráculo Angélico.
Profundidad simbólica
El gnosticismo es la respuesta más radical al problema del mal en la historia del pensamiento occidental: si Dios es bueno y todopoderoso, ¿por qué hay sufrimiento en el mundo? La respuesta gnóstica es audaz: porque el mundo material no fue hecho por Dios, sino por una entidad inferior, ignorante o malévola. El verdadero Dios está más allá, inalcanzable por los sentidos, accesible solo por la gnosis interior. Esta visión tiene un coste enorme (rechazo del cuerpo, del mundo, de la creación) pero también una grandeza: convierte la espiritualidad en aventura cognoscitiva, no en sumisión.
La influencia del gnosticismo en la cultura moderna es profunda y a menudo oculta. Hans Jonas mostró paralelismos con el existencialismo (extrañamiento, autenticidad). Eric Voegelin acusó al marxismo y al nazismo de «gnosticismo político» (rechazo del mundo dado, salvación inmanente por revolución). Carl Gustav Jung leyó los textos gnósticos toda su vida y los integró en su psicología. La literatura moderna (Borges, Pessoa, Philip K. Dick, los hermanos Strugatsky) bebe del imaginario gnóstico. El cine matricial (Matrix, Truman Show, Dark City) repite el mito del despertador del durmiente. El gnosticismo dialoga con el Sufismo, la Teosofía y la Alquimia. Explora más en el Glosario.
También conocido como
- Gnosticismo
- Gnosis
- Conocimiento Espiritual
- Cristianismo Gnóstico
- Tradición Pleromática