Shiva
Shiva (sánscrito शिव Śiva, «el auspicioso, el benigno») es uno de los dioses principales del panteón hindú y miembro de la Trimurti, la trinidad cósmica, donde encarna el principio de destrucción y disolución que prepara la creación nueva. Es asceta supremo, danzante cósmico Naṭarāja, yogui sentado en meditación en el monte Kailash, esposo de Parvati-Kali y padre de Ganesha y Kartikeya. Posee un tercer ojo en la frente que, abierto, incinera todo lo que mira. Lleva en el cabello la luna creciente y el Ganges descendente, y enrosca al cuello la serpiente Vasuki. Es ambivalente y vasto.
Mito y origen
Las fuentes textuales son los Vedas (compilados a partir de 1500 a.C.), especialmente el Rigveda, donde aparece como Rudra, «el aullador», dios temible de la tempestad. El Yajurveda incluye el Shri Rudram, himno célebre todavía en uso litúrgico. Los Upanishads (siglos VIII-III a.C.) lo elevan a aspecto del Absoluto. El Shiva Purana, compilado entre los siglos VIII y XI d.C., sistematiza su mitología. La Bhagavad Gita (siglos V-II a.C.) lo menciona, y el Mahabharata integra numerosos episodios. El Shvetashvatara Upanishad articula la teología shivaíta primitiva.
Sus raíces se hunden más allá de los Vedas. Los sellos del Indo de Mohenjo-Daro y Harappa (2600-1900 a.C.) muestran una figura sentada en postura yóguica con cuernos y rodeada de animales, identificada por John Marshall como «proto-Shiva» o «Pashupati» («señor de los animales»). La asimilación de Rudra védico y de cultos preindoarios autóctonos produjo el Shiva clásico hacia el comienzo de la era común. Su culto se consolidó en el período de los Puranas y dio lugar al Shaivismo, una de las grandes corrientes del hinduismo.
Atributos e historias
Su iconografía es rica y codificada. El tercer ojo (trinetra) en la frente simboliza la sabiduría intuitiva y la energía destructiva: cuando Kama, dios del deseo, perturbó su meditación, Shiva lo incineró con su mirada. La media luna en el cabello (chandra-shekhara) recuerda al ciclo del tiempo. El Ganges (Ganga) desciende de su cabello: para evitar que el peso del río divino aplastara la tierra, Shiva lo recibió en su melena, donde se demoró miles de años. Su cuello azul (nilakantha) procede del veneno cósmico Halahala que bebió durante el batido del océano de leche para salvar al mundo.
Como Naṭarāja, «rey de la danza», realiza la Tandava cósmica dentro de un anillo de fuego: pisa al enano Apasmara (la ignorancia), levanta una pierna en gesto de gracia, sostiene el tambor damaru (la creación) y la llama (la destrucción), con la mano derecha en abhaya mudra (no temas) y la izquierda señalando el pie liberador. Su esposa Parvati, hija del Himalaya, es su shakti: en ella se manifiesta como Durga guerrera o como Kali oscura. Su forma abstracta es el lingam, símbolo fálico que representa la conjunción de Shiva y la yoni de Shakti.
Recepción moderna
Shiva es venerado por cientos de millones de hindúes en India, Nepal y la diáspora. El Maha Shivaratri, «gran noche de Shiva», en febrero o marzo, congrega multitudes en sus templos. El Templo Brihadeeswara de Tanjavur (siglo XI) y los templos de Khajuraho son monumentos de su culto. Los sadhus shivaítas, sobre todo los Aghoris y los Naga babas, siguen tradiciones ascéticas extremas que reproducen su modelo de yogui salvaje. El yoga moderno reconoce a Shiva como primer yogui (Adiyogi): Sadhguru Jaggi Vasudev erigió en 2017 una estatua de 34 metros del Adiyogi en Coimbatore.
En Occidente, Shiva entró con la Sociedad Teosófica y posteriormente con la difusión del yoga en el siglo XX gracias a maestros como Swami Sivananda, B.K.S. Iyengar y Sri Krishnamacharya. Su imagen como Naṭarāja se popularizó tras la donación de una estatua bronce al CERN en Ginebra en 2004 como metáfora de la danza subatómica. Aparece en la literatura de Hermann Hesse, en el cine de Mira Nair y en obras pop como las novelas El inmortal Shiva de Amish Tripathi. En el tarot, resuena con El Loco (0) y La Muerte (XIII) por su aspecto destructor-renovador. Más en el test mitológico.
Profundidad simbólica
Shiva encarna la paradoja del Absoluto. Es a la vez asceta inmóvil y danzante frenético, destructor que aniquila y benigno que salva, esposo casto y arquetipo de la sexualidad sagrada en el lingam. Carl Gustav Jung lo estudió como expresión simbólica del Sí-mismo en su forma andrógina, especialmente en la figura Ardhanarishvara, mitad Shiva mitad Parvati, integración suprema de los opuestos. Mircea Eliade analizó su yoga y su tantrismo en Yoga: inmortalidad y libertad (1954). La Tandava cósmica es la imagen más poderosa del universo como vibración rítmica continua.
En astrología védica (jyotish), Shiva se asocia a Saturno y a Rahu (nodo lunar norte), planetas de disolución y trascendencia. En astrología occidental, resuena con Plutón (transformación profunda), Saturno (asceta) y Urano (yogui revolucionario). En el tarot, encarna El Colgado (XII) y La Muerte (XIII) en su faceta liberadora. Su correspondencia cabalística sería Binah (entendimiento, gran madre cósmica) en interacción con Kether. Profundiza en yoga, tantra y consulta el Glosario.
También conocido como
- Mahadeva
- Naṭarāja
- Adiyogi
- Rudra
- Pashupati